martes, 20 de julio de 2010

¡LA INGRATITUD DE LOS HIJOS!

Es muy común ver en estos tiempos, la ingratitud de los hijos, y con mucho más razón si nosotros lo hemos sido también con nuestros padres.

La mayoría de las veces, cuando hemos vivido como hijos, resultamos ser hijos ingratos, rebeldes, egoístas y muy poco comprensivos con nuestros padres.

La Ingratitud de los hijos depende mucho de la educación que les hemos dado. Al no darles a ellos los valores morales que son tan necesarios en los días que vivimos, seremos vistos como padres irresponsables, egoístas e indiferentes.

Generalmente para que nos quieran y obedezcan, se recurre al chantaje emocional o ignorancia. Para que nuestros hijos no nos causen problemas lo solucionamos con darles todo los caprichos: el niño estará más contento y nos dará menos problemas. El niño abre la boca exigiendo esto y lo otro y ahi estamos nosotros dándole gusto en todo lo que él pida y satisfaciendo todos sus caprichos, y así nos aseguramos que nos "quieren", tonto engaño, nada más lejos de la realidad. Porque nuestros hijos no nos van a querer más por darles más caprichos.

Por estas y otras razones más, no enseñamos a nuestros hijos a ser agradecidos, no sólo con nosotros sino con los demás. No les enseñamos a darle el justo valor de lo que tienen, ni que los valores morales son mil veces más importantes que las cosas materiales que puedan pedir. No los nutrimos interiormente o espiritualmente como es debido.

Los padres que tienen que trabajar mucho, tienden a "justificar" un falso sentimiento de culpa, por no dedicarles el tiempo suficiente a sus hijos, y cometen el terrible error de permitirles y consentirles toda clase de caprichos, pensando de que así el niño está compensado por el tiempo que no estuvieron con ellos por estar trabajando o en otras actividades. Es así que los hijos van creciendo egoístas, insensibles, rebeldes y muy ingratos, para ellos es lo más normal, hasta se burlan de los padres cuando ellos le hacen algún reclamo al respecto. Ellos crecen con los valores morales trastocados y piensan que la actitud hacia sus padres es normal y no es así.

Generalmente los hijos ingratos son una consecuencia de nuestra conducta hacia nuestros propios padres. Si hemos sido indiferentes, egoístas, insensibles con ellos, pues nuestros hijos harán lo mismo con nosotros. Nadie escapa a la justicia de la ley de causa y efecto.

Cuando veamos el sufrimiento que causamos a nuestros padres, dejándoles de lado o en una Residencia de ancianos, en contra de su voluntad, porque no hay espacio para él en nuestra casa, porque no queremos más cargas de las que tenemos, o sencillamente nos olvidamos de ellos, no los visitamos con frecuencia, o simplemente somos indiferentes a sus necesidades, lloraremos lágrimas muy amargas de remordimientos, por nuestra falta de caridad y gratitud hacia aquellos que nos dieron la vida y todo lo que pudieron. Aquellos que estuvieron a nuestro lado, las noches en que no podíamos dormir por estar enfermos, por tener pesadillas, etc. Sólo cuando tengamos suficiente lucidez nos daremos cuenta de lo torpes y egoístas que fuimos con los seres que más nos quisieron, y al tiempo, comprenderemos que tendremos que prepararnos, posiblemente, para sufrir lo mismo de parte de nuestros propios hijos.

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